miércoles, 29 de octubre de 2014

El ocaso de los sentidos I: La vista

No he abierto aún los ojos, y no ha sido necesario hacerlo para saber que me hallo en un lugar ajeno y desconocido. He tenido esta sensación durante muchísimos años en mi vida, me ha pasado un centenar de veces, y las vivencias que tengo de ello están un poco borrosas, son de color amarillento y me recuerdan a cuando estás congestionado. Son de esa clase de recuerdos que agradeces que sean solo eso, y que no formen parte de tu presente. Aun así, siempre que abría los ojos veía que era solo una ligera sensación muy alejada de la realidad. Estaba en mi hogar, a salvo de lo que me hacía experimentar esa percepción antes de pestañear y abrirlos. El problema comienza cuando los mantienes cerrados. Sigues teniendo ese impacto y, si por ti fuera, vivirías eternamente en un lugar extraño, pues nadie puede ayudarte a destaparlos y está únicamente en tu mano llegar a la realidad y deshacerte de esa amarga sapidez que te recorre desde la cabeza a los pies.

Lo que estoy experimentando ahora no está ni muy alejado de mis recuerdos ni muy acercado a la colisión absoluta de mí ser, voluntad y cordura. No sé muy bien en qué punto se posiciona mi situación, pero estoy seguro que no es ni una cosa ni otra. Todo sería muy sencillo si en éste momento yo abriera los ojos y despejara todas las dudas, pero tengo miedo. ¿Y sí estoy equivocado y me hallo en las puertas del umbral de mi cordura, bienestar y felicidad? Es demasiada responsabilidad y, si así fuera, mi felicidad, que tampoco me hacía muchas visitas, me abandonaría para siempre. Y ya no solo mi felicidad, ella sería la última que se iría, antes partirían mi juicio y la esencia de mi ser. Tengo miedo, es normal, creo que todo el mundo lo tendría. Me siento indeciso aunque un poco eufórico solo por las ganas de poder salir de esto, aunque de momento no me atrevo. No obstante, quizás podría empezar por algo más fácil, debería intentar moverme, pero no sé si quedarme quieto, ya que lo único empíricamente agradable ahora es que la superficie en la que estoy recostado es realmente cómoda. Puede que sea mi cama, aunque no la recuerdo tan holgada. Aún así, puede que debido a la angustia que me invade esté exagerando la comodidad de este soporte, y sí sea realmente mi lecho. A pesar de todo no tengo certeza de ello, ya que aquí huele muy desagradable, pareciéndose al olor que debe respirarse en las alcantarillas de Londres, un olor pestilente y húmedo que dudo que ni tan siquiera soportaran las más fétidas alimañas del subsuelo.

Creo que ha pasado media hora desde que me desperté, pero no estoy del todo seguro. Tengo miedo de perder la noción del tiempo pero, a la vez, ese pensamiento que me corroe es absurdo, pues muy a mi pesar ya la he perdido. No sé cuánto tiempo llevo consciente en éste estado… todo este lugar me confunde y, por ello, estoy dispuesto a abrir los ojos para ver qué ocurre, dónde me encuentro y si todas las sensaciones que he experimentado son ciertas o, por el contrario, son solo una ilusión de mi cabeza cedida por una mala conducta del sueño, cansancio o derivados, ya que mi último recuerdo fue cuando me recosté en mi cama para dormir.
Y bien, tras un buen rato pensando, del que no puedo constatar su duración pero el cual me ha llegado a parecer casi un día al completo, me decidí a abrir los ojos. Gotas de sudor inundaban mi frente, mi cara y mi cuello… Me escocía en los ojos a pesar de tener los párpados aún protegiéndolos, y mi cara parecía alcanzar los cincuenta grados centígrados. Estaba sumido por la euforia y mis brazos, aún inmóviles, temblaban de miedo. Cerré los puños y... ¡por fin lo hice!, ¡por fin los abrí!, pero… ¡Algo está fallando, no veo nada, no veo nada! Bueno, James, tranquilízate ya, seguramente sea una mala pasada de la oscuridad del cuarto o un efecto óptico por tenerlos mucho tiempo cerrados. Mantén la calma. Justo cuando mi ser pudo adentrarse en ese reto que fue abrir los ojos para afirmar o desmentir todo lo que en mi cabeza estaba pasando, me di cuenta de que no veía nada, de que todo fue en vano y de que aquellos esfuerzos, sudores y calores no sirvieron de nada, ya que estaba peor que al principio y, ya no solo eso, sino que todo éste asunto me estaba empezando a dar escalofríos. Antes me daba miedo, pero era un terror supeditado a las sensaciones, ahora era realidad, la pesadilla y la falsa suposición se habían cumplido o, aparentemente, eso parecía. Bueno, no debo ponerme nervioso, pienso que eso será peor…  Lo que está claro es que no veo nada, pero el sentido del olfato sigue funcionando, ya que noto un olor horrible, un olor que se asemeja a las entrañas de una bestia procedente de los más bajos pisos del infierno. Y el del tacto, sigue funcionando, porque sentía ráfagas de aire frío azotando mi piel y motivando, más aún, ese fuerte olor fétido que hay de por sí en el ambiente.
Debo intentar moverme. Me levanté, puse los pies en el suelo y, sí, efectivamente el sentido del tacto estaba intacto, notaba el frío del suelo, aunque el nerviosismo e histerismo me impedían diferenciar si esta superficie era la de mi habitación o de un lugar ajeno. Los nervios me están pudiendo, debo relajarme aún más si quiero salir de ésta. Empecé a mover las piernas, y respondían correctamente, aunque en ellas se notaba claramente cuál era mi estado mental ahora mismo. No paraban de temblar, era excesivo, creo que nunca en mi vida había sentido nada igual… Era un tembleque similar al de un anciano de setenta años, de un viejo enfermo de parkinson, añadiéndole que las manos me sudaban y, cuando las apretaba, desprendían pelotillas de grasa, como si se estuvieran descomponiendo poco a poco. Y como no, me ardían a más no poder. El corazón se me salía del pecho, notaba los latidos en mis oídos. Siempre he sido una persona nerviosa acostumbrada a sentir mis palpitaciones muy de cerca... pero nunca había sentido nada igual como lo que sentía ahora. Era como si estuviera inmerso en el mecanismo de un reloj estropeado, un reloj en el que solo suena la manilla de los segundos de una manera desproporcionada, pero con la misma fuerza que la manilla de los minutos. Me estaba volviendo loco y empezaba a temer que me fuera a desmayar, siempre he sido muy propenso a marearme, y esa idea me tenía realmente asustado.
Me costaba recordar qué pasó antes de despertarme y, sinceramente, solo rememoro el haberme acostado. Lo de antes se me nubla… y si se me nubla lo de antes también se me ha podido olvidar lo de después… ¿Y sí me ha pasado ya todo esto y lo que he sufrido es solo el desmayo que me temo que voy a sufrir ahora y esto es algo similar al día de la marmota? ¿Y sí en lo que no recuerdo fue cuando me sucedió algo que diera pie a perder la vista? ¿Y si alguien me tiene prisionero?... No sé, es todo muy raro, y estás preguntas no hacen sino propiciar el desmayo que tanto me está angustiando. Estoy pensando en gritar para pedir ayuda, pero como no sé dónde estoy, dudo que eso propicie mi salvación o salida de éste infierno. Mejor que mantenga la boca callada. Además, no sé siquiera si podría gritar, estoy un poco ronco… como constipado, creo que es a causa de la ráfaga de viento tan fuerte que hay aquí. Será mejor que me tumbe en el suelo e intente relajarme, cuando esté mejor intentaré buscar una solución a mi pregunta de cómo salvarme.
— jjjjjjjamessssssss, jjjjjjaaaaaaamesssss, ¿asustadddddooo?
— ¿Sí? ¿Hola?…. ¿qui... qui... qui... quien ha dicho eso?, ¿hay alguien?... Dios, ¡por favor!, ¿hay alguien aquí?
— jjaaaamesssss.
Dios mío, ¿qué está pasando?, ¿qué es esto?... ¿Estoy escuchando a alguien de verdad o mi cabeza me está jugando una mala pasada? En el caso de que alguien esté intentando comunicarse conmigo, ¿qué querría? ¿Sería alguien para salvarme o, por el contrario, se trataría del desgraciado que me ha metido aquí? No sé, ni tan siquiera, si estoy en un acantilado en medio de un islote, así que mejor que me quede aquí y no diga nada, sí alguien quiere buscarme, aquí me encontrará. No quiero ser el responsable de mi muerte o fatalidad… bueno, de mi peor fatalidad
— jjjjjjjamessssssss, jjjjjjaaaaaaamesssss, ¿siguesssssss conmigooooo?
— ¡Por Dios!, ¡que pare ya quienquiera que sea!, ¡no puedo más!
— jjjjjjjamessssssss, jjjjjjaaaaaaamesssss, ¡¡atrévete a buscarme!!
— ¡¿Dónde querrá que lo busque?! No puedo ver, no sé dónde estoy, estaría en juego mi vida, no debería, no James, no deberías… intenta mantener la calma
— jjjjjjjamessssssss, jjjjjjaaaaaaamesssss, ¡¡mmmmiiiiirameeeee!!

¡No puedo más!, mis latidos se están descontrolando, mis piernas ya no me responden… creo que debo hacer algo antes de que mis brazos dejen de funcionarme. Agarré fuertemente mi cuello con ambas manos ¡¡¡una y otra vez!!!, ¡¡una y otra vez!!, ¡una y otra vez!, una y otr…..

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